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Pregón

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Biografía

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) será el encargado de leer el pregón de la Feria de la Libro de Zaragoza el 28 de mayo a las 20 horas, en la carpa de la feria situada en la Plaza de Santa Engracia.

Ignacio Martínez de Pisón

Este escritor aragonés, licenciado en Filología Hispánica en la Universidad de Zaragoza y en Filología Italiana en Barcelona, ciudad en la que reside desde 1982, ha visto traducida su obra a una docena de idiomas, y ha sido merecedor de numerosos premios literarios como el Premio Casino de Mieres en 1984 por La ternura del dragón; Premio Torrente Ballester 1991 por Nuevo plano de la ciudad secreta; Premio NH 1999 al mejor libro español de relatos por Foto de familia; Premio Pedro Saputo 2000 al mejor libro aragonés del año por María bonita; Premio Dulce Chacón de Narrativa Española 2006 por Enterrar a los muertos; Premio Rodolfo Walsh 2005 por Enterrar a los muertos; y el Premio San Clemente 2009 por Dientes de leche.

A su primera obra, La ternura del dragón (1985), le siguen un número de excelentes títulos : Alguien te observa en secreto (1985); Antofagasta (1987); Nuevo plano de la ciudad secreta (1992); El fin de los buenos tiempos (1994); El tesoro de los hermanos Bravo (1996); Carreteras secundarias (1996); Foto de familia (1998); El viaje americano (1998); Una guerra africana (2000 y 2008); María bonita (2001); El tiempo de las mujeres (2003); Enterrar a los muertos (2005); Dientes de leche (2008); Las palabras justas (2007); Partes de guerra (2008); Aeropuerto de Funchal (2009).

Su obra Carreteras secundarias fue llevada al cine en 1997 por el director Emilio Lázaro Carreter, cuyo guión elaboró el propio Martínez de Pisón. No ha sido su única participación en el mundo del cine, ya que junto a Emilio Martínez Lázaro escribió el guión de Las trece rosas, por el que fue candidato a mejor guión original para los premios Goya.

Pregón

"Ciudadanos de Zaragoza:

Estamos en primavera, la estación de las ferias del libro. En estos días en que unas ferias se clausuran y otras, como la de Zaragoza, se inauguran, no está de más recordar que las ferias nacieron en la España de la Segunda República como un medio para acercar la cultura a los ciudadanos. Algunos de los editores que fundaron entonces la Feria de Madrid crearon también un sistema de librerías itinerantes para que los habitantes de los lugares más remotos no se vieran privados del derecho al saber. Eran los años de las Misiones Pedagógicas y la compañía de teatro La Barraca y, a semejanza de éstas, aquellos hombres montaban en sus camiones-librería y recorrían la geografía peninsular con su cargamento de poemas, novelas, ensayos.

Palabras, en definitiva: palabras que buscaban hacer a los seres humanos más sabios, más dignos, más libres. De esa época, concretamente de 1935, es un libro del aragonés Benjamín Jarnés titulado precisamente Feria del libro. En él, refiriéndose a una de esas primeras ferias madrileñas, escribe Jarnés: "Nunca en España se vio el libro tan mimado, tan exaltado. En todos los ojos y edades; el viejo, la muchacha y el niño recorrieron despacio las instalaciones, leyeron ávidamente catálogos, folletos; adquirieron no pocos volúmenes; escucharon atentamente las charlas del libro, esparcidas por los altavoces; leyeron las respetables sentencias colgadas de los árboles, como frutos de aquel otro árbol famoso de la ciencia. ¿Qué más puede pedirse?"

Casi ochenta años después, esta descripción sigue reflejando con bastante fidelidad la atmósfera de una feria del libro: señal de que las cosas no han cambiado tanto. También bastantes de las reflexiones de Jarnés siguen siendo válidas. Con respecto a los "apresuramientos" y las "dispersiones" de la vida moderna, escribió Jarnés lo siguiente: "Hoy un buen libro ha de escribirse con igual lentitud y amor que en la Edad Media. Hoy un buen libro ha de leerse con igual lentitud y amor que en el Renacimiento." Leemos para no olvidar. Leemos para saber más de nosotros mismos y de nuestros semejantes. Leemos asimismo para saber más de los que no son como nosotros y para tratar de comprenderlos: desde Cervantes, toda buena novela aspira a plantar en nuestras conciencias la semilla del relativismo y la tolerancia. Leemos en definitiva para ser mejores y poder seguir soñando con un mundo mejor.

Pero también leemos por el simple, honesto y antiguo placer de leer, de disfrutar de las historias que otros nos cuentan. Quienes no tienen el hábito de la lectura no saben lo que se pierden. La literatura es, de verdad, un tesoro inagotable, acaso el único del que dispone el ser humano. Cientos, miles, decenas de miles de magníficos libros de épocas, países, lenguas y culturas diferentes aguardan el momento en que nos decidamos a abrirlos y sumergirnos en su lectura y, aunque fuéramos inmortales y llegara un día en que los hubiéramos leído todos, esa promesa de placer se mantendría intacta gracias a la posibilidad de la relectura. Nada más fácil que obtener la llave que abre el cofre de ese tesoro: basta con decidirse, porque un libro lleva a otro libro y este nuevo libro a otro y a otro... Es el libro el mejor amigo imaginable. Aceptad su compañía y nunca os arrepentiréis."

Ignacio Martínez de Pisón.



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