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Biografía

Ángel Guinda Casales nació en Zaragoza el 26 de agosto de 1948. A los dieciséis años comenzó su andadura poética, como él mismo cuenta, frente a la escultura de los amantes emparaguados del Paseo Constitución de Zaragoza.

Ángel Guinda
Foto de David Francisco

Inició los estudios de Medicina, que pronto abandonó por los de la Enseñanza lo que le llevó a desarrollar la profesión de profesor de Lengua y Literatura, rama más cercana a su verdadera pasión, la poesía. A finales de los sesenta comenzó a dar recitales y en la década de los setenta publica sus primeras plaquettes, que acaban formando el cuerpo de su libro Vida ávida, publicado en 1981.

Guinda destacó muy pronto por la crudeza de sus textos y lo autodestructivo de su propuesta. A esta etapa pertenecen estos versos:

Tú, que interpretas los ojos del suicida
en su belleza plena de renunciamiento,
haz del corazón una taberna abierta
de luna a sol a todos los que sufren,
buscadores de estrellas en un pozo de cieno.
Y a la vida agresiva agrédele.

Manuel Vilas lo define maravillosamente en un reciente texto publicado en la última entrega de la revista Letras Aragonesas, “un vitalista con el fantasma de la muerte a cuestas”. Y en el mismo texto nos recuerda el estreno, en febrero de 1987, de la obra ¡Más margen, malditos! del grupo teatral El Silbo Vulnerado, en una noche de invierno en la que Zaragoza ardió. Tres poetas en escena: Leopoldo María Panero, Ramón Irigoyen y Ángel Guinda, de quien se leyó su poema extenso El almendro amargo, una reflexión cruda y dura sobre España:

Porque un país que mata a sus poetas no merece vivir.
Por eso sigo, sigo en España para asesinarla,
ya que el desprecio le hace poco daño.

Esos tres poetas representaban en aquel momento la heterodoxia de la poesía española.

Guinda siempre compaginó la escritura con su trabajo de profesor de Lengua y Literatura Española. Primero lo hizo en el Prepirineo aragonés y posteriormente en Zaragoza. Pero el desencanto sufrido por el juicio al que se vio sometido por el irreverente texto recogido en su "La Guinda del Espermento" hizo que en 1987 se exiliara en Madrid.

Su etapa madrileña dio paso a una poesía más existencialista, más preocupada por la soledad y el paso del tiempo. “Ángel se calmó en los años noventa. Madrid le devolvió la paz, le devolvió el instinto de conservación” (Manuel Vilas). De esta época son las publicaciones Conocimiento del medio, La llegada del mal tiempo y Biografía de la muerte.

Hay que destacar su labor de editor, fundando la coleción Puyal de poesía en 1975, auténtico revulsivo en la época para la creación poética y la vida cultural en Aragón de finales de la transición. Hasta 1982 aparecieron en Puyal títulos importantes de poetas aragoneses como Ana María Navales, Manuel Pinillos, Ildefonso Manuel Gil, José Luis Rodríguez, Mariano Esquillor, José Antonio Rey del Corral, Manuel Martínez Forega y Joaquín Sánchez Vallés, entre otros.

No fue su única contribución al mundo editorial. En 1988 funda Malvís, revista de elegante y cuidado diseño que “puso en comunicación a la poesía aragonesa con el resto de la poesía que se hacía en España. Por sus páginas, como se lee en la exposición Ángel Guinda, Premio de las Letras Aragonesas 2010 aparecieron poemas de los poetas más importantes de la poesía española y de la poesía aragonesa.”

Otra faceta muy relevante de Ángel Guinda es la de traductor de poesía europea, especialmente italiana, portuguesa y catalana. Son magníficas sus traducciones de poetas como Cecco Angiolieri (1990), Teixeira de Pascoaes (2000), Àlex Susana (2002), y Ana Cristina Cesar (2006), entre otros.

Y no se puede olvidar sus diversos artículos sobre arte y literatura en numerosos periódicos y revistas de tirada nacional.

La poesía de Guinda es una poesía útil, expresionista, torturada, grave y profunda. Una poesía hija de la rebeldía y del más lúcido pesimismo; vitalista pese a ser un testimonio de la convivencia del ser humano con la muerte. Como él mismo manifiesta “reivindica una poesía que sea no sólo objeto de belleza sino también sujeto de conducta, una poesía que sirva al ser humano: moralmente para vivir; estéticamente, para gozar; y culturalmente, para ensanchar y afianzar su saber”. Su obra está marcada por un exacerbado realismo existencial.

Con el nuevo siglo, su afán de comunicar y transmitir le ha llevado a una poesía muy abierta y solidaria, llegando con Claro interior a un público más amplio que se identifica con sus Poemas para los demás.

No podemos olvidar su labor de antólogo, con la mirada siempre puesta en los más jóvenes. Y su último trabajo en esta línea, Yin, publicado en 2011, es, en sus propias palabras, “un ejercicio de obligado reconocimiento y justo desagravio igualitario a la poesía contemporánea escrita por mujeres de (o en) Aragón.” Un libro que recoge las voces de las poetas aragonesas y que bien puede ser tomado como un justo homenaje.

Fue autor de la letra del Himno de Aragón junto a Ildefonso-Manuel Gil, Rosendo Tello y Manuel Vilas.

Entre su amplia producción literaria, que le ha llevado a cultivar diferentes géneros como la poesía o el ensayo, se pueden citar los siguientes títulos: Vida ávida en 1980, El almendro amargo en 1989, Lo terrible en 1990, Claustro en 1991, Después de todo en 1994, Conocimiento del medio en 1996, La llegada del mal tiempo en 1998, La voz de la mirada en 2000, Biografía de la muerte en 2001, Toda la luz del mundo, Minimal love poems en 2002, La creación poética es un acto de destrucción, Antología (1980-2004) en 2004, Poemas perimentales, plaquette en 2005, Toda la luz del mundo, Minimal love poems en 2005, Claro interior en 2007, Toda la luz del mundo, Minimal love poems en 2008, Poemas para los demás en 2009.

Por su parte en el ensayo sobresale su libro El mundo del poeta. El poeta en el mundo, publicado en 2007.

Su última obra, presentada en el Teatro Principal de Zaragoza en febrero de este año, ha sido el poemario Espectral, una obra que pretende llevar la propuesta “escribir como se vive” a sus últimas consecuencias.

En abril de 2011 recibe el Premio de las Letras Aragonesas 2010, con el que el Gobierno de Aragón con el que los aragoneses, no sólo distinguen la encomiable singladura de nuestros más ilustres creadores, sino que, asimismo, reconocen el tesón, el esfuerzo y el trabajo, generalmente solitarios y silenciosos siempre, de quienes, como Ángel, mediante su continuada labor literaria, propician que la presencia de nuestra tierra siga expandiéndose más allá de sus limites territoriales y temporales y que crezca con fortaleza para el futuro en el libro universal de la memoria.

Ángel Guinda se une a otras figuras de las letras aragonesas que han recibido esta distinción. Han sido, concretamente, Eloy Fernández Clemente (1995), Ana María Navales (2001), José-Carlos Mainer (2002), Soledad Puértolas (2003), Jesús Moncada (2004), Rosendo Tello (2005), Francisco Carrasquer (2006), José María Conget (2007), Ramón Gil Novales (2008) y José Luis Borau (2009).

Este año, además, el Premio de las Letras Aragonesas es para un poeta. Un género literario de especial relevancia histórica tanto en la literatura española como en la literatura aragonesa. Los valores de la poesía son la belleza, la verdad y el humanismo, valores que deben ser reivindicados siempre y especialmente en tiempos de incertidumbres. La poesía tiene fuerza civilizadora y representa un compromiso social. En Ángel Guinda, además, el compromiso social y el compromiso con el lenguaje han sido siempre fundamentos irrenunciables de su labor literaria. La poesía es vida, y la poesía de Ángel Guinda ha reclamado siempre esa presencia reveladora de la vida en el quehacer de la literatura. El compromiso de un poeta es también su lengua. Y Ángel Guinda ha sido un creador del lenguaje, un hombre que ha reflexionado sobre la palabra poética con ilusión y con pasión. Y es por todo esto y por “el valor de una obra poética importantísima dentro de la historiografía literaria aragonesa; fundada en la poesía española, pero expresada con un lenguaje renovador adherido a su compromiso estético y humano”, como valoró el jurado, por lo que se le concede este premio.

La poesía es también concordia y refinamiento, estética y cultura, intensidad y revelación. Todos esos valores se dan en el poeta Ángel Guinda.

>> Bibliografía. (Selección).

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